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Encontrando el lugar en la fotografía de calle


Ayer asistí a una charla de Javier Arcenillas (@javierarcenillas). Llamarlo simplemente fotógrafo callejero sería quedarse corto: mezcla fotoperiodismo, street puro y un espíritu travieso de probar, romper y cacharrear —ese impulso que a veces se adormece y conviene despertar. Escuché con atención cómo entiende la fotografía, y algunas ideas se me quedaron resonando.


Habló de cuatro arquetipos de fotógrafos de calle —no como categorías rígidas, sino como maneras de mirar y de reaccionar ante lo que sucede a nuestro alrededor:


1. El Cazador

Alerta, rápido, casi instintivo. Avanza por la ciudad sintiendo cuándo algo está a punto de ocurrir. (Ya escribí sobre él, aunque siempre hay espacio para más).


2. El Poeta

Busca sombras, reflejos, texturas, patrones. Ve metáforas en cada rincón y siente la ciudad más que observarla.


3. El Informante

Testigo directo de la realidad. La muestra tal cual es: cruda, honesta, sin adorno.

La vertiente más documental, donde también encaja el fotoperiodismo.


4. El Rebelde

Rompe reglas. Mezcla estilos. Abraza el caos: movimiento, desenfoque, trepidación, ruido…

Todo lo que contradice la fotografía convencional.


Mientras lo escuchaba, me descubrí pensando:


¿Cuál de ellos soy yo? ¿Puedo elegir uno? ¿Depende de mis fotos?


Es tentador querer una etiqueta, un marco donde encajar, donde podemos estar en una zona más confortable y que nos ayude a autodefinirnos (como ocurre en otros aspectos de la vida, ¿verdad?). Pero al final acabé entendiendo que, como en muchas otras cosas, vamos transitando de un estilo o a otro, no tenemos que seguir un patrón fijo.


A veces acechamos como cazadores; otras, una composición nos atrapa; en ocasiones “documentamos” una situación, aunque no seamos fotoperiodistas; y otros días simplemente estamos gamberros y hacemos tonterías con la cámara que terminan siendo fotos “felices”.

Pero hay algo más profundo: experimentar.



Volver a usar carrete, rescatar cámaras antiguas, cambiar normas, encuadres y posiciones; buscar límites y superarlos; permitir accidentes afortunados y aceptar imperfecciones.


Las cámaras de película tienen alma. Son imperfectas. Cuanto más antiguas, mejor. No tienen la precisión milimétrica de los equipos modernos, con esa maldita uniformidad que hace que dos cámaras produzcan casi la misma imagen en el mismo lugar.


No es nostalgia: es honestidad creativa.


Porque la fotografía no es solo capturar lo que vemos; es renovar cómo lo vemos.


Cambiar de herramienta para que el ojo no se duerma. Experimentar para despertar la intuición. Aceptar el error porque, a veces, revela lo que el control esconde.


Quizá ese sea el punto.


No decidir qué tipo de fotógrafo soy, sino aceptar que me muevo entre los cuatro y aventurarme de nuevo a desempolvar el pasado para mirar mejor al futuro. Y volver a aprender de nuevo de los equipos y las formas del pasado y aplicarlos en los del ahora. Mezclar, probar y combinar.


Tal vez ahí reside la esencia de la fotografía:

en la libertad de reinventarnos cada vez que pulsamos el disparador.



Foto (C) @javierarcenillas


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